📖✨ Memorias de familia
Compartimos un entrañable texto de Julio Corcuera, donde las anécdotas familiares se convierten en un puente hacia la memoria, el afecto y la formación personal. A partir de los recuerdos con sus padres, Marco Antonio Corcuera y Celia Magdalena García, el autor nos invita a mirar con nuevos ojos aquello que muchas veces damos por sentado: el valor de quienes nos dieron la vida. Entre reflexiones y evocaciones, este texto nos recuerda que volver al corazón —recordar— también es una forma de comprender quiénes somos.

Memorias de familia
De un tiempo a esta parte, he venido escribiendo textos a manera de anécdotas y vivencias ocurridas con mis padres, Marco Antonio Corcuera y Celia Magdalena García. Luego de escribirlos y compartirlos con mis amigos por WhatsApp, tuve la sensación de estar incomodándolos con información poco trascendente para ellos. Mi temor se acrecentaba cuando no recibía ningún input por WhatsApp de parte de mis amigos, receptores de los mensajes. Entonces pensé en dejar de escribir.
La magia apareció cuando le confié a uno de ellos que ya no enviaría más textos, para evitar incomodar con historias personales y las de un poeta contumacino llamado Marco Antonio Corcuera. Este amigo, por lo contrario, me felicitó y agradeció que le enviara mis “anécdotas con el poeta”, aduciendo que los textos tenían mucho contenido de unión filial, de pedagogía familiar, de exposición de virtudes, y que se identificaba plenamente con esas vivencias, pues le hacían recordar su niñez y los vínculos con sus padres, lo que me llenó de alegría y satisfacción. Pero, además, me dijo: “Julito, sería un error y negligencia que no escribas más tus textos. No pienses que aburres ni que no sirven para nada tus escritos. Tú sigue escribiendo, tus lectores a veces no te respondemos en el momento, pero de seguro lo haremos días más tarde. Nos encanta leer tus historias y en algunos casos las comentamos en familia”.

También debo confesar que algunos de mis lectores responden con textos breves como “muy lindo”, “gracias por compartir”, “lindos recuerdos”, u otros similares. Otros responden con textos más elaborados, dando muestra de que han saboreados cada fragmento de la historia, incluso identificándose plenamente con ella. Hay también quienes me pillan con algunos “gazapos”, cosa que, algunas veces, cometo deliberadamente para identificar si me leyeron. Estas respuestas, que no son pocas, me devuelven el ánimo para seguir escribiendo. El espíritu de contar estas “anécdotas” es dar a conocer con mayor lujo de detalles cómo eran nuestros padres. Con frecuencia, los jóvenes buscamos referentes fuera del entorno familiar, o en familiares exitosos o artistas, pensando que sería mejor ser como ellos en el futuro, dejando fuera de su visión a los padres, tal vez viendo en ellos algunos defectos, cosa que todos tenemos y que por nada del mundo los descalifica. Por el contrario, si pudiéramos ver con mayor objetividad, daríamos testimonio de lo amorosos y talentosos que son. Esto nos acontece a los Corcuera García, cuando nos reunimos los cuatro hermanos y repasamos el camino recorrido. Nos queda claro el gran valor que ellos tuvieron en nuestra formación y desarrollo; espíritu que hoy por hoy anima a la Fundación Marco Antonio Corcuera.

Otro dato que me llamó la atención y me proporcionó otra lectura del efecto de mis escritos ocurrió cuando llamé a un amigo para consultarle sobre un tema laboral. Luego de hablar varios minutos, antes de despedirnos, me dijo: Julio, debo felicitarte por las notas que sueles enviarme los domingos, las leo puntualmente y las aprecio mucho. Esto me reconfortó, y pensando en mis padres, me dije: no hemos bregado en vano.
Al elaborar esta nota, vino a mi mente la palabra “recuerdo”. Etimológicamente recuerdo nace del vocablo latino recordari, que a su vez está compuesta por el prefijo re, que significa “de nuevo” y cordis, “corazón”, vale decir traer al presente, desde el corazón, algún evento o persona. Cada vez que invoco el nombre o la figura de mis padres, Marco Antonio o Celia, siento su presencia y enseñanzas de manera permanente, lo que me invita a escribir alguna nota. Ahora mismo, como si fuera una película, vienen a mi mente estos versos del poema Nostalgia de José Santos Chocano, tan admirados por mi padre:
…
y yo, a la manera del que recorriera
un álbum de cromos, contaré con gusto
las mil y una noches de mis aventuras
…
Nuestros padres, siempre estuvieron a nuestro lado. Nunca vimos discusiones ni malas caras. Tal vez hubo muchos tragos amargos, como en toda relación, pero nosotros no los vimos ni lo notamos. Esto era parte de la magia de la poesía que obraba en mi padre.
Acompaño un bello poema de Marco Antonio Corcuera, titulado “¿Qué es lo que camina en mí?”, tomado del libro El salmo herido de 1948, que expresa los intensos sentimientos que ahora me embargan.
¿Qué es lo que camina en mí?
¿Qué es lo que camina en mí
que como niebla entreveo?
¿Qué secreto me sujeta
sin llegar a comprenderlo?
Es cierto que existe el alma,
lo estoy sintiendo por dentro.
¿No lo oyen, acaso, ustedes,
cuando llama con su rezo?
Poblado de fino estambre,
como débil aleteo,
siento renacer en mí
eso que llamo recuerdo.
Cuando la nostalgia viene
a perturbar el silencio
que dicta con su presencia
el ser que nos presta aliento.
Ese ser, el que quisiera
que me tuviera en su seno
para llegar hasta él
volcando mi propio ego.
Tengo tanto que decir,
crepúsculo del silencio,
tránsito de oscuras penas,
territorio de mi sueño.
Devienen cosas amargas
empapadas de misterio
que cruzan el laberinto
de mi espíritu y mi cuerpo.

