Compartimos un texto escrito por Julio Corcuera, hijo de Marco Antonio, quien nos acerca a una dimensión íntima del poeta: su afición por la fotografía, arte cultivada desde sus años de estudiante en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Un recuerdo sencillo que revela otra forma de mirar el mundo y de habitarlo.

In memoriam
Los hobbies del poeta Marco Antonio Corcuera (I)
Todos, en el transcurso de nuestras vidas, nos aficionamos a una o varias actividades, tales como el dibujo, el baile, los deportes, la poesía, la música, entre muchas otras. Es el caso de nuestro padre, el poeta Marco Antonio Corcuera, quien desde joven manifestó una gran inclinación por la fotografía. Entiendo que para su tiempo este hobby no era muy común, ya fuera por el elevado costo de las cámaras o por los gastos del revelado; sin embargo, cuando un pasatiempo se convierte en pasión, no hay manera de distinguir si es caro o barato: el aficionado simplemente se deja llevar por el disfrute y, si demuestra talento, va cosechando reconocimientos.


Estas aficiones obedecen a una etapa de nuestras vidas en las que se practican con entusiasmo; aunque, conforme avanzan los años, solemos perderlas o reemplazarlas por otras. En todo ello influyen la edad, la moda y las posibilidades económicas. En el caso concreto de nuestro padre, cultivó varios hobbies en simultáneo: le apasionaba la filatelia y la colección de máquinas de escribir, pero, sobre todo, la fotografía. A Celia, nuestra madre, le encantaba resolver geniogramas; adquiría diccionarios especializados y solucionarios para revisarlos, estudiarlos y aplicarlos. También disfrutaba coleccionando llaveros, monedas de muchos países y cajetillas de cigarrillos, entre otros pasatiempos.

Nosotros, los hijos, heredamos parte de estas aficiones y sumamos otras actividades, como el deporte y el arte culinario. Estos pasatiempos complementaron nuestra vida cotidiana, dejándonos, con el paso del tiempo, valiosas lecciones y gratos recuerdos. En aquella época no los identificamos como hobbies, solo los practicábamos. Hoy, a la distancia del tiempo, los reconocemos como tales. Ellos nos permiten romper la monotonía, propician el descanso y reducen el estrés que solemos acumular en las actividades diarias.
Volviendo al hobby de mi padre, y revisando su archivador de comunicaciones, nos topamos con un hallazgo hasta ese momento desconocido para nosotros. Se trata de un evento sucedido el año 1938, cuando él era aún estudiante de Derecho en la Universidad Mayor de San Marcos. El documento que nos dio luces fue una nota enviada por una universitaria de Valparaíso (Chile), en la que le exponía su admiración por la foto que mi padre había presentado a un concurso fotográfico internacional convocado por la revista neoyorquina Cine Mundial. Este hecho la animó a escribirle:
“Perdone mi atrevimiento al dirigirme a usted sin conocerlo (…). Sé de su dirección por la revista Cine Mundial en la cual se lleva un concurso de fotografías, la suya es muy buena, publicada en la revista del mes de septiembre del año pasado (…)”.
La carta está fechada en “Valparaíso (Chile) abril 5 – 1939”, y la firma la dama Olga Dupratt, a quien ‒ubicándonos en el contexto de la época‒ agradecemos fervientemente haber manifestado al poeta su admiración por la hermosa foto publicada en la revista neoyorquina. Gracias a esta misiva, pudimos armonizar los datos dispersos para darle sentido a las cartas de la Casa Matriz de Kodak.
A partir de este hallazgo, supimos que el joven estudiante de Derecho de la UNMSM había obtenido un reconocimiento muy importante gracias a su afición por la fotografía. La sección de la revista se denominaba “Foto concurso”. En ella, los lectores podían presentar sus trabajos, que luego eran seleccionados y publicados bajo el siguiente encabezado: “Vistas sobresalientes remitidas, con sus respectivos negativos, por nuestros lectores aficionados, durante las últimas semanas”. La revista se editaba en New York – USA y se distribuía en toda América, a través de librerías y puestos de periódicos.
No obstante, surgía una dificultad: ¿cómo confirmar la información y obtener una copia de la revista para identificar la foto, dado que no se encontraba en nuestra biblioteca? Lo primero que hicimos fue acudir al Google. Nuestra sorpresa fue grande al comprobar que el buscador confirmaba su existencia. Solo faltaba ver la edición correspondiente. Finalmente, el Google nos arrojó un link que contenía la colección completa organizada por años, y a cuyo acceso, por el peso de la edición, no era fácil llegar.



Logramos ingresar a la carpeta de las ediciones de 1938 y con ello a la edición de septiembre. En efecto, al llegar a la página 471, sección “Foto Concurso”, encontramos la foto enviada por el poeta Marco Antonio. Se trataba de una vista panorámica tomada desde el cerro El Calvario, en su pueblo natal, Contumazá, lo que confirma, una vez más, el profundo vínculo del poeta con su patria chica. Este reconocimiento se concretó con un cheque por la suma de USD 1.00 dólares y la carta que da fe de su participación, que a la letra dice:
«… Nos complace acompañar un billete de banco norteamericano, de $ 1.00; otorgado como premio a la fotografía presentada por usted a nuestro “Foto–Concurso”, y que publicaremos en nuestra edición del mes de septiembre venidero». La carta está fechada el 11 de agosto de 1938.
El texto incluía, además, de una nota al pie:
«Aunque ello es contrario a nuestra norma, devolvemos a usted los negativos de las tres fotografías presentadas».
Devolución que se cumplió meses después.
La foto adjunta a esta nota es fiel reflejo de la pericia que tenía nuestro padre con su cámara Kodak, modelo Brownie Hawkeye, con la que se tomó una foto a sí mismo, disparando hacia el espejo del vagón en el que se desplazaba de Lima a Huancayo para unas diligencias propias de su actividad profesional. Su estilo de vestimenta es, por lo demás, impresionante: sombrero de pana, gabán de lanilla inglesa y terno completo.



Como Fundación, nos complace anunciar que continuaremos dando noticia de hallazgos como este, y que nos será grato, en breve tiempo, compartirlos con ustedes.