Julio Corcuera cierra esta sección con un hallazgo silencioso: el poema “Mi vida”, de Marco Antonio Corcuera, encontrado casi como quien sigue una intuición. En esos versos, él se nombra sin ornamentos y se reconoce, ante todo, fiel a la palabra.
Hay claridad y convicción: la poesía como centro, como trabajo interior, como elección sostenida en el tiempo. Un legado asumido con conciencia y llevado con la misma coherencia con la que escribió y vivió.

In memoriam
El poeta y su estudio (VI)
Quisiera culminar esta sección “El poeta y su estudio”, con una experiencia que me acaba de suceder. Hay recuerdos que uno guarda y cuando se presentan eventos parecidos, rápidamente se activa en nuestra mente un vínculo con lo sucedido, al punto que uno se dice a sí mismo: “esto lo he escuchado, lo he visto o lo he vivido anteriormente…”. La vida está llena de este tipo de sorpresas. Existen conectores que rápidamente nos vinculan con hechos pasados, como si hubiesen sucedido hace muy poco.
Resulta que yo andaba pensando en cómo podría culminar esta sección. Y entre sueños se me revelaron unos versos que mi padre, el poeta Marco Antonio Corcuera, solía decirlos con alguna frecuencia.
…
Por Marco Antonio respondo
si alguien invoca mi nombre.
…
Y entonces recordaba que alguna vez, en nuestra juventud, nuestro padre había escrito un poema sobre él y sobre cuánto respetaba lo que había conseguido con la poesía. Me resultaba difícil encontrar el poema entre tantos documentos y sobres en su escritorio. Me pregunté dónde podría estar este poema, dónde lo podría haber guardado, cómo lo podría encontrar, en qué proyecto de libro lo podría haber incluido. Pensaba que sería un verdadero milagro que si tú “Marco Antonio”, me ayudaras a encontrarlo. Me senté un momento en su escritorio, le pedí su ayuda y abrí el primer cajón, tomé el primer sobre que aparecía a la vista, como guiado de su mano. Cual sería mi sorpresa que, al retirar su contenido, el primer documento con el que me encontré era nada menos que este bello poema, que él tituló “Mi vida”.
En él, mi padre se desnuda y hace un recuento de su vida, se contrasta con lo vivido y prefiere definirse como el poeta que es, con esa sensibilidad que lo caracterizaba, al punto que, en una parte del poema, dice: «… La actividad que me abraza / con el más excelso gozo / ninguna otra la reemplaza / …». Y claro, él siempre prefería que lo llamaran poeta antes que abogado. Tenía ese compromiso con la palabra muy grabado en su pecho y en sus manos.
Era tan sensible y humano que cuando intuía que nos estaba pasando algo, no hacía preguntas, tan solo se acercaba como quien hace compañía y luego buscaba una frase para iniciar la conversación. Algunas veces usaba un verso de los tantos aprendidos, otras bastaba su abrazo, una caricia o, por último, su sola presencia para abrir el diálogo. Sabía llevarse el dolor de uno y cargárselo a cuesta como lo hizo Vallejo, guardando las distancias, por su puesto.
Espero disfrutes este poema, como lo hicimos nosotros de jóvenes y sientas el peso y responsabilidad que cargaba nuestro poeta en cada composición que hacía y en cada actividad o puesto público que ocupaba. Podría adelantarme a decir que cada cargo que ocupó lo llevó a cabo de la manera más transparente posible, además de bien hecho. Sabía que de ello despendía su imagen y prestigio como escritor, así como el legado que dejaba para su familia y sus hijos.
Mi Vida
¿Qué soy alguien? ¡No lo sé!
¿Quién lo desea saber?
Pero sí quisiera ser
expresión de lo que amé
y no ha de volver ya nunca.
¿Mi vida? Una vida trunca,
rota sutura que amaga,
tránsito de antigua pena;
que, como el agua, se arena;
y, como la luz, se apaga.
Quiero decir, a la vez,
que soy hombre de verdad.
Tengo sembrada mi edad,
de la cabeza a los pies,
de remembranzas sentidas
que van juntando las vidas
que he vivido, una tras otra,
y todas dieron, al cabo,
con esta vida que acabo,
que, como he dicho, está rota.
Por Marco Antonio respondo
si alguien invoca mi nombre.
Espero que a nadie asombre,
lo digo desde muy hondo,
saber que no adeudo nada;
y lo que hice, a la pasada,
no es digno de mencionar.
Lo hice en forma consciente,
es algo que está presente (*)
y lo llevo, al terminar.
¿Mi profesión? Cualquier cosa.
Digo esto, porque si digo
que a mí mismo me persigo
puede resultar ociosa.
La actividad que me abraza
con el más excelso gozo
ninguna otra la reemplaza;
sentarme en mi propia casa
junto a los versos que proso.
Nota: Existen, en una parte de la hoja mecanografiada, dos versos sueltos, marcados con asterisco, que dejó pendientes de evaluar para insertarlos probablemente como reemplazo o agregado entre algunos del original. Estos versos son:
(*) no tiene importancia alguna
y elevo desde la cuna
