El poeta y su estudio (V)

En esta quinta entrega, Julio Corcuera evoca la profunda identificación de su padre, el poeta Marco Antonio Corcuera, con el poema “Nostalgia” de José Santos Chocano: una reflexión sobre el arraigo, el tiempo vivido y la fidelidad a la patria chica. Entre memoria familiar y lectura poética, el texto reafirma una vida hecha con pausa, raíces y palabra, y cierra con un sonetillo inédito que condensa, con precisión y emoción, su legado creativo.

In memoriam

El poeta y su estudio (V)

Cuando pienso en mis padres, se me revelan muchas imágenes y recuerdos de bellos momentos vividos en familia, cual álbum de cromos. Mi padre, el poeta Marco Antonio, solía repetir este bello poema del poeta peruano José Santos Chocano, a quien no pudo conocer, pero al que leyó y admiró. Me refiero al poema Nostalgia.

NOSTALGIA

 

Hace ya diez años

que recorro el mundo.

¡He vivido poco!

¡Me he cansado mucho!

 

Quien vive de prisa no vive de veras:

quien no echa raíces no puede dar fruto.

 

Ser río que corre, ser nube que pasa,

sin dejar recuerdos ni rastro ninguno,

es triste, y más triste para el que se siente

nube en lo elevado, río en lo profundo.

 

Quisiera ser árbol, mejor que ser ave,

quisiera ser leño, mejor que ser humo,

y al viaje que cansa

prefiero el terruño:

la ciudad nativa con sus campanarios,

arcaicos balcones, portales vetustos

y calles estrechas, como si las casas

tampoco quisieran separarse mucho…

 

Estoy en la orilla

de un sendero abrupto.

Miro la serpiente de la carretera

que en cada montaña da vueltas a un nudo;

y entonces comprendo que el camino es largo,

que el terreno es brusco,

que la cuesta es ardua,

que el paisaje mustio…

 

¡Señor!, ya me canso de viajar, ya siento

nostalgia, ya ansío descansar muy junto

de los míos… Todos rodearán mi asiento

para que diga mis penas y triunfos;

y yo, a la manera del que recorriera

un álbum de cromos, contaré con gusto

las mil y una noches de mis aventuras

y acabaré con esta frase de infortunio:

 

‒¡He vivido poco!

¡Me he cansado mucho!

 

Se identificaba plenamente con este poema, en especial con algunos versos para él muy bien logrados. Su vida llevaba un alto correlato con el poema de Chocano y además le transmitía identidad por su patria chica, Contumazá; querencia a la que le dedicó toda su vida y de la cual se sentía orgulloso. Cuánto le hubiese gustado ejercer algún cargo público, pero debido a su falta de residencia en su ciudad natal y sus múltiples ocupaciones profesionales y culturales lo llevaron a permanecer en Trujillo.

 

«Quien vive de prisa no vive de veras:

quien no echa raíces no puede dar fruto».

 

Marco Antonio se tomó la pausa necesaria para vivir plenamente su vida familiar, como padre y esposo, y su vida profesional, como abogado y reconocido escritor. Ha llevado su creación y nombre dentro y fuera del país. Ahora, gracias a la Fundación MAC, podemos publicar su obra inédita y dar a conocer por los medios digitales su genio de poeta, y comunicarlo a otras latitudes de manera más vasta y continua.

 

«(…) y al viaje que cansa

prefiero el terruño

la ciudad nativa con sus campanarios,

arcaicos balcones, portales vetustos

y calles estrechas, como si las casas

tampoco quisieran separarse mucho…».

 

Su identificación con su Contumazá se acrecentaba con estos versos. Sentía la fuerza de su patria chica y esto lo obligaba a cantarla constantemente. Tal vez estas figuras chocanescas evocaban perfectamente escenas de su niñez e infancia. En su recuerdo aún permanecían sus padres y abuelos, escenas del pueblo y el campo, de las actividades agrícolas y la escuela primaria.

 

«Miro la serpiente de la carretera

que en cada montaña da vueltas a un nudo;

y entonces comprendo que el camino es largo,

que el terreno es brusco,

que la cuesta es ardua,

que el paisaje mustio…».

 

El artificio literario que utiliza el poeta para dibujar su carretera serpentínica y caprichosa, cuestas y paisajes, le recordaba a mi padre el largo el viaje a Contumazá, similar en los cerros, pasando por puentes pequeños, peñas empinadas y un túnel angosto. Una vez llegando a la cima, empieza el descenso y se observa al pequeño pueblo que se convirtió desde antiguo en nido de cóndores y de artistas, Contumazá.   

Para cerrar esta nota, sentado en el escritorio de mi padre, revisando parte del material inédito, me topé con este bello poema dedicado a los esposos Kune Grimberg y Alicia Fernández, titulado Los grillos. Ellos fueron propietarios de la librería Siringa, ubicada en Neuquén, Argentina. Eran muy afines a la cultura y el arte, por lo que tenían un espectáculo de teatro para niños llamado «Los grillos», escenario que lo montaban sobre su vehículo Citroën verde con techo replegable. Por temporadas largas, cerraban la librería, y se convertían en trotamundos recorriendo países y pueblos, llevando diversión y entretenimiento a los niños de su país y de fuera de ella. Nos visitaron muchas veces alrededor de los años setenta y luego nuestros padres les devolvieron la visita en Neuquén. Se interesaron mucho por la obra poética de mi padre a la que le publicaron una plaqueta muy bella en argentina. Espero disfruten este bello poema como lo hacemos nosotros desde la Fundación MAC.

 

LOS GRILLOS

 

Son como dos golondrinas

que en verano nos visitan

y con sus picos imitan,

en sus voces cantarinas,

que son tan dulces y trinas;

y como efluvio les brota.

Su Patagonia remota.

al Neuquén entumecido.

Tejen en su pecho un nido

y en él empollan su nota.

 

Y por el mundo transitan.