Un trino amarillo
Julio Corcuera nos comparte una reflexión entrañable sobre la poesía a partir de una enseñanza de Marco Antonio Corcuera, su padre, quien solía decir que el poema nace de la lectura, la disciplina y la paciente búsqueda de la palabra justa. Tomando como ejemplo el célebre verso de Federico García Lorca —“el débil trino amarillo del canario”—, el texto nos muestra cómo la poesía puede lograr, en pocas palabras, lo que otras artes necesitarían largos rodeos para expresar: unir sonido, color y emoción en una sola imagen. Una lectura que nos invita a acercarnos a la poesía con sencillez, sensibilidad y asombro:
Siempre que le preguntaban a mi padre, el poeta Marco Antonio Corcuera, sobre la poesía, solía responder que se trataba de una forma del arte literario que exige mucha lectura, disciplina, revisión y trabajo constante en la búsqueda de la palabra justa. Para explicarlo, acostumbraba citar estos bellos versos del poeta español Federico García Lorca, tomados del poema “Amparo”:
“… el débil trino amarillo
del canario.
…”
Se detenía entonces a señalar lo difícil que resulta para un poeta llegar a estos dos versos aparentemente simples, en los que se produce una traslación del color del canario al “trino”; es decir, a un imposible real, pues el trino es un sonido y no un color. Para un novelista, explicar esto implicaría desarrollar una extensa novela en la que primero habría que describir el origen del canario, su hábitat, su forma, tamaño y color, para recién intentar explicar su misterioso “trino amarillo”.
Por su parte, un pintor de diestro pincel difícilmente podría representar ese “… débil trino amarillo”, aun cuando imaginara un pentagrama saliendo del pico del canario. Al músico le harían falta muchas partituras para expresar ese bello sonido, sin lograr, por cierto, otorgarle el color amarillo que refiere el poeta. Para los bailarines de ballet, simbolizar “el débil trino amarillo” sería casi imposible, incluso si sus movimientos fueran de los más excelsos y frágiles.
Queda así demostrado que las metáforas empleadas en la poesía poseen un carácter profundamente subjetivo, que solo puede ser urdido desde el yo poético del autor. El poeta es, quizá, el único ser capaz de transmitirnos, con pocas palabras, una imagen o alegoría que reúna al mismo tiempo sentimiento, gracia, música y color para nuestros sentidos.
Este fue uno de los tantos poemas con los que Marco Antonio nos fue acercando, poco a poco, a los misterios de la poesía. Nos los enseñaba con sencillez y dulzura, sin imponerse ni incomodarnos.
Disfrútalo como lo hicimos nosotros de pequeños.
AMPARO
Amparo,
¡qué sola estás en tu casa,
vestida de blanco!
(Ecuador entre el jazmín
y el nardo).
Oyes los maravillosos
surtidores de tu patio
y el débil trino amarillo
del canario.
Por las tardes ves temblar
los ciempiés con los pájaros,
mientras bordas lentamente
letras sobre el cañamazo.
Amparo,
¡qué sola estás en tu casa
vestida de blanco!
Amparo,
¡y qué difícil decirte:
yo te amo!