Celebraciones de Año Nuevo

✨ Celebraciones de Año Nuevo ✨

En este texto, Julio Corcuera recuerda las tradiciones familiares que marcaron una forma de vivir el Año Nuevo: la misa, el brindis, la música, la amistad y la memoria compartida junto a su padre, Marco Antonio Corcuera.

Desde la Fundación Marco Antonio Corcuera, les deseamos un próspero y bendecido 2026:

Cada familia tiene un modo particular de realizar sus celebraciones cívicas, religiosas y familiares; las que se vuelven costumbres con el paso del tiempo, al punto de convertirse en tradición. Me refiero en concreto a la celebración de Año Nuevo. En nuestro caso, nuestros padres nos acostumbraron a una manera muy singular de celebrarla.

Esta actividad se iniciaba con la asistencia a la misa de fin de año; por lo general, a las diez de la noche. Afortunadamente, nunca nos faltó ayuda en casa. Las nanas que alguna vez nos atendieron de pequeños, vivieron con nosotros algunos años más, convirtiéndose en una extensión de la familia, lo que facilitaba siempre un apoyo y una atención para nosotros en ausencia de nuestros padres.

En esta celebración, solía acompañarnos nuestra querida y recordada tía Carmen Echevarría Granados, hermana mayor de mi madre. Era soltera; cariñosamente le decíamos mamá Camita.

Luego de la misa, las nanas, más el apoyo con el que contábamos en casa, se encargaban de preparar la cena de fin de año. Por lo general siempre pavo, aprovechando lo que se había preparado para la Navidad. Toda la familia, se sentaba a la mesa, mi padre, el poeta Marco Antonio Corcuera, hacía el brindis (con champagne) y hablaba de lo que nos esperaba el siguiente año como familia, retos y proyectos. La cena era muy tradicional:  leche con chocolate caliente, panetón y pavo. Solo en esta festividad se nos permitía levantar nuestra copa y acatar el brindis. Los pequeños hacíamos el simulacro, y algunas veces tan solo mojábamos nuestros labios para sentir su sabor y cumplir con el rito. El destape de la botella lo realizaba nuestro hermano mayor, Marco Antonio. Todos estábamos muy pendientes del toque de las doce de la noche del reloj de pared en el comedor. Llegada la hora, nos poníamos de pie y corríamos inmediatamente a saludar a nuestros padres, luego a la tía Carmen, siguiendo con las nanas y personal de apoyo, para finalmente darnos el abrazo entre nosotros. El año 1968, justamente para Navidad, hicimos la mudanza de casa. Hasta esa fecha vivíamos con la abuela Teodosia en la primera cuadra de la Calle Unión, y desde ese año nos trasladamos la urbanización Santa Inés, que por aquel año recién empezaba a poblarse.

Teníamos tradiciones muy marcadas que desde niños practicábamos y que repetíamos año tras año. En primer lugar, usar una prenda de color amarillo. En una copa pequeña, nuestra madre, nos entregaba las tradicionales doce uvas que deberíamos comer pidiendo un deseo cada vez; luego salíamos con maletas vacías a dar una vuelta a la manzana, para convocar posibles viajes en el año venidero. Mi hermano Marco salía con Zelmira, una prima que vivía con nosotros, y que nos cuidaba de pequeños. Mi hermano César con la tía Carmen. Paúl lo hacía con Flor, que fue su niñera de pequeño. Finalmente, yo, acompañaba a mi madre. Lo hacíamos en parejas, uno detrás del otro, con la esperanza de propiciar un viaje durante el nuevo año.

Seguidamente nos sentábamos en la sala para conversar y escuchar música. A mi padre le encantaba escuchar y bailar tangos, especialmente los de Gardel. Con este bello fondo musical, nos contaba cuentos, historias de sus padres, y abuelos. Lo mismo hacía nuestra madre, Celia. Finalmente, bajábamos un tocadiscos portátil antiguo y escuchábamos discos de 33 1/3 revoluciones, conocidos como Long Play. Sonaba música de Los Panchos, Estela Raval, y de la Nueva Ola (Gustavo Hit Moreno, Los Doltons, Buddy Richard, Jimmy Santi entre otros), bailábamos con las nanas y con la tía Carmen. Conforme íbamos cayendo vencidos por el sueño, nos iban llevando a nuestras camas.  

Crecimos con estas y otras tradiciones. Conforme avanzábamos en edad, las fuimos cambiando de acuerdo al nuevo tiempo que vivíamos. Cuando cada uno de los hermanos alcanzaba la mayoría de edad, tan solo asistía a la misa, cenaba en casa, esperaba el abrazo y luego se iban a otra celebración o fiestas con su grupo de amigos. Esto sucedió con Marco, luego con César, más adelante con Paúl y finalmente conmigo. Pero tuvimos la dicha de ser muy unidos. Cuando yo alcancé la mayoría de edad, los cuatro hermanos compartíamos las mismas fiestas de fin de año. Teníamos un grupo de amigos de la infancia. Todos vivían en la misma urbanización, lo que, con el paso del tiempo, nos permitió constituir un Club Social y Deportivo que denominamos BAMESI (Barrio Médico – Santa Inés). Nuestras fiestas de año nuevo, eran muy tradicionales; muy esperadas y organizadas por nosotros mismos. La de mayor recordación fue la celebrada el año 1979, en la casa de nuestros queridos amigos Carranza Revilla. Al culminar la fiesta, nos trasladamos a Huanchaco, los hombres con terno y las mujeres con vestidos. Lo bueno era que todos regresábamos juntos y nuestros padres estaban tranquilos sabiendo que estábamos rodeados de grandes y buenos amigos. Prefiero no dar nombres porque podría omitir a varios. Lo interesante es que todos los amigos del barrio la pasábamos fenomenal.  

En todo ese proceso, nunca dejamos de escuchar la música que le encantaba a mi tía Carmen o dar un baile con ella, manteniendo de esta manera una linda tradición familiar. Música que finalmente se interiorizó mucho en los jóvenes de nuestra generación. Conforme crecíamos, nuestros padres también se organizaban para ir a fiestas con otras parejas de amigos. Siempre asistíamos a la misa y cenábamos juntos y luego del tradicional abrazo de doce de la noche, ya podíamos ir a otra celebración.

Fruto de esas tantas reuniones que tuvieron nuestros padres con muchos matrimonios amigos, mi padre escribiría, años más tarde, un poemario titulado Halcones y Torcazas, haciendo alusión a doce parejas de esposos que siempre se reunían. Entre ellos los esposos: Bocanegra - Malpica, Carranza - Revilla, Corcuera - García, Cornejo - Castillo, Flores - Tresierra, Landauro - Navarro, Landeras - Pilco, Neyra - Miñano, Ortiz - Flores, Ortiz - Burgos, Polo - De la Piedra y Risco - Rodríguez.

Ahora recordaré el preámbulo de este bello poemario, alimentado de muchas reuniones entre años nuevos, cumpleaños y otros, y en el que mi padre le canta a la amistad, describiendo de manera jocosa algunas facetas de la vida de cada pareja. El poemario se inicia de esta manera:

 

Con el propósito de perennizar la amistad

existente en un pequeño grupo de matrimonios,

hemos escrito estas décimas que pretenden

recoger los acontecimientos entretenidos que

nos hicieron pasar tan gratos instantes.

 

Las décimas, por su propia naturaleza,

expresan la fantasía de su creador, aunque

algunas se sustentan en la anécdota para

agilizar el relato, sin ninguna otra intención.

La inocente ironía que se advierte en ellas

es el ingrediente necesario para darles

colorido y cubrir a los personajes de un ropaje

de humanidad y simpatía.

 

Son producto del impromtu, inteligencia y

picardía de sus autores entre los que figuran,

en primera línea, Alberto Cornejo y Luis Ortiz

Noriega, sin desmerecer a todos los demás que,

en una u otra forma, han contribuido a inspirarlas.

 

Gracias a la generosidad de todos, las

damos al infolio, pidiendo perdón por no haber

podido interpretar debidamente la grandeza y

sinceridad de tan entrañables amigos.

 

Con el respeto debido

que a toda persona alcanza,

la entrega y la confianza,

que para este caso, pido;

permitidme este cumplido

que hace, a la vez, de saludo,

si en estos versos aludo

y alguna actitud refiero,

pido permiso primero,

poniendo en tierra mi escudo.

 

Es el caso que en nosotros

la amistad arraiga tanto

que es propicia para el canto.

Con esto formulo votos

para que no queden rotos

los lazos que voy atando,

los corazones que mando

y que reciben ustedes,

queden presos en las redes

del cariño que comando.

 

 

Teniendo como marco ésta anécdota, en nombre de mi familia y de la Fundación Marco Antonio Corcuera, queremos desearte un Prospero 2026, lleno de bendiciones en sus labores profesionales, empresariales, familiares y personales. 

 

Feliz Año 2026.