✨ Palabras que celebran un legado
Compartimos el emotivo discurso de la Dra. Jeannette Tentalean Rodríguez, Rectora de la Universidad César Vallejo, pronunciado el 19 de noviembre en el homenaje por el 108.º aniversario del nacimiento de Marco Antonio Corcuera, realizado en Jr. Independencia N.º 467, Plaza Mayor de Trujillo 📍.
En sus palabras, la Dra. Tentalean evocó al poeta, al gestor cultural y al amigo generoso que fue Marco Antonio Corcuera; un hombre que entendió la cultura como un acto de servicio y que dejó una huella profunda en quienes lo conocieron. Recordó también la presencia entrañable de Celia García de Corcuera, compañera inseparable y parte esencial de su legado.
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Lee aquí el discurso completo:
Distinguidas autoridades,
Dr. Jorge León Collantes, Director de la Oficina Desconcentrada en Trujillo del Ministerio de Relaciones Exteriores
Querida familia Corcuera García, miembros de la comunidad cultural y académica, amigas y amigos:
Hoy nos reunimos para celebrar el 108 centésimo octavo aniversario del nacimiento de un hombre cuya obra ha quedado inscrita en la historia literaria y cultural del país me refiero al Dr. Marco Antonio Corcuera quien entendió que la cultura es un acto de servicio. Fundó, alentó, sostuvo y abrazó iniciativas como el concurso El Poeta joven del Perú que permitió dar vida a nuevas generaciones de escritores. Muchos encontraron su camino gracias al estímulo generoso y sincero que él les brindó.
Por ello, hablar esta noche sobre el Dr. Marco Antonio Corcuera tío Marquito, como yo le decía desde siempre, es recordar a un gran amigo de mi familia cuya presencia permanece incluso al no estar sentado a nuestro lado como cuando solía verlo en las presentaciones de sus libros y en sus homenajes. Es una de esas personas entrañables que siempre estarán presentes y eso lo reflejaba siempre en su mirada tranquila, en su voz pausada, en la manera en que escuchaba, así como en la sencillez con la que compartía sus ideas.
Quienes tuvimos la fortuna y el inmenso honor de conocerlo no recordamos solo al poeta profundo, al gestor cultural incansable. Recordamos, a quien valoraba mucho la amistad, al hombre cálido, al anfitrión generoso en su casa de Santa Inés, a quien encontraba siempre las palabras precisas para celebrar un logro.
El Dr. Marco Antonio tenía una forma maravillosa de acompañar: sin imponerse, sin alzar la voz, con esa ternura firme de quien sabe que la amistad es un acto de fe. En sus conversaciones había siempre un brillo especial que nace de un corazón que ha amado profundamente la poesía, la vida, la tierra, la cultura, los amigos, pero sobre todo a su familia.
Para quienes lo seguimos admirando el poeta Marco Antonio sigue siendo un refugio. No un recuerdo lejano, sino una compañía que nos inspira a vivir con más sensibilidad, a defender la cultura con pasión y a cultivar las amistades con la misma lealtad con la que él lo hacía. Y prueba de ello es que esa amistad con mis padres Roberto y Jeannette se traduce ahora en el fuerte vínculo que me une con cada uno de sus hijos a quienes considero los hermanos que no tuve.
Mi madre siempre me dice que las personas no se van: se quedan convertidas en luz, en palabra, en el abrazo que aún sentimos cuando pensamos en ellas.
Marco Antonio Corcuera es, y seguirá siendo siempre, una de esas presencias que el corazón no quiere soltar, no va a soltar.
Y es que es un poeta cuya obra se sostiene con la misma fuerza con la que él sostenía sus afectos. Y entre todos ellos, ninguno tan presente, el día de hoy como el de Celia García de Corcuera, tía Celia. Porque Marco Antonio no se entiende sin Celia, ni Celia sin la historia compartida y la familia que ambos construyeron con amor, sensibilidad y entrega.
Y esa unión era más que un matrimonio: era una alianza del alma, un diálogo permanente entre dos seres que creían en Dios, que se acompañaban con respeto que nunca pasó desapercibido. Tía Celia era su equilibrio, su sonrisa más serena, la presencia que hacía de cada día un espacio de paz y de inspiración. Y él, a su vez, era para ella un compañero atento, un corazón lleno de gratitud y poesía.
En los encuentros, en las tertulias, Tía Celia estaba siempre ahí: discreta, firme, acompañando a uno de los mejores Directores del Instituto Regional de Cultura, pero también acompañaba al poeta. Formaban una dupla entrañable. Y ella siempre lo cuidaba y lo impulsaba a seguir creando.
Hoy, celebrando el cumpleaños de Marco Antonio, es imposible no sentir también la presencia cálida de Celia, Y sé que ambos ahora están juntos, nos dejan una lección profunda: que el amor verdadero no solo acompaña, sino que engrandece.
Y la mejor obra de Marco Antonio fueron sus cuatro hijos que seguirán difundiendo su obra cuyo legado seguirá acompañándonos e inspirándonos a defender la belleza, la cultura y la verdadera humanidad.
Muchas gracias.