El 19 de noviembre, en el homenaje por el 108.º aniversario del nacimiento de Marco Antonio Corcuera ✨, vivimos un encuentro lleno de memoria, poesía y gratitud.
Hoy compartimos el discurso completo del Comandante FAP (r) Ismael Iglesias, Lic. en Ciencias Políticas y Ciencias de la Administración Aeroespacial📝, quien evocó la figura de Marco Antonio desde el afecto y el reconocimiento a su legado literario y cultural.
El evento, realizado en Jr. Independencia N.º 467, Plaza Mayor de Trujillo 📍, fue organizado por la Oficina Desconcentrada del Ministerio de Relaciones Exteriores y la Fundación Marco Antonio Corcuera.
Un testimonio que honra la vigencia de una voz esencial en nuestra tradición poética 🌿:
Dignísimas autoridades, distinguidos amigos honorables representantes de la cultura, damas y caballeros:
Hoy nos reunimos para rendir homenaje a la palabra hecha raíz, al verso que nace de la tierra y se eleva hasta el espíritu. Nos convoca la palabra, la palabra que permanece, la que trasciende, la que funda memoria. Nos convoca la obra poética de Marco Antonio, poeta de la naturaleza, de la justicia y del amor; un creador cuya voz sigue resonando con la fuerza de las montañas y la ternura de la memoria. Nos reunimos para rendir homenaje no solo a un poeta, sino a un espíritu singular, a un hombre cuya palabra supo convertir la experiencia humana en belleza perdurable.
Su obra, arraigada en lo más profundo de la sensibilidad peruana, constituye una arquitectura espiritual donde convergen la naturaleza, la conciencia social y la fuerza trascendente del amor. Hablar de Marco Antonio es hablar de un hombre que no solo contempló el mundo, sino que lo escuchó; que no solo nombró la realidad, sino que la transformó en visión poética.
La poesía de Marco Antonio, vasta en resonancias humanas, multiforme, puede comprenderse —académica y existencialmente— desde una lectura integral, en tres dimensiones fundamentales que dialogan entre sí y que permiten ingresar a la totalidad de su universo creativo:
Permítanme recorrer estas dimensiones rápidamente, con respeto y gratitud.
I. CONTUMAZÁ Y LA POESÍA DE LA NATURALEZA: LA RAÍZ FUNDACIONAL DE UN TERRITORIO CON ALMA
Esta primera dimensión es la de Contumazá, el territorio natal donde se forjó su sensibilidad. Allí, entre quebradas y vientos serranos, el poeta descubrió la íntima alianza entre el hombre y la naturaleza. En su obra, la tierra no es un decorado: es sustrato ontológico, principio vital, orden sagrado.
No te tardes tanto
Anhelo de inverna
Que mi surco muere
Por ver tu presencia.
Golpecito de agua,
Suena en mis oídos,
Trae tu caricia,
Tiéndela en mi trigo.
Que maravilla de lenguaje para expresar el riego del surco de un trigal. Marco Antonio transforma el paisaje andino en símbolo: el río es el fluir del tiempo; la neblina, la frontera del misterio; los cerros, custodios de la memoria ancestral. Su voz brota de la geografía como un acto de pertenencia profunda: él no describe la naturaleza, dialoga con ella, se confunde alegre dentro de ella.
O este otro poema a su abuelo, don Sebastián Diaz:
Anterior todavía al tiempo
Y a la huella traída por los sauces,
Antes que la mirada supiera
Distinguir al clavel de la rosa,
Cuando habitaba todo el espacio
El sonido y la alegría,
Y se jugaba en el campo
Con los niños y los pájaros,
Ya te conocía, abuelo,
Con tu poncho de hilo fino
Y en la mano tu pañuelo.
Cuando el sol habitaba
El cielo que yo no presentí,
Y la tierra no tenía espacio
Ni para la palma de la mano,
Cuando era bueno todo
Hasta el mismo Lucifer atormentado,
Ya te conocía, abuelo,
Con la sonrisa que inundaba
Tu cara de alegría
Y tu bastón en la mano.
Yo te recuerdo pasajero y vidente,
con la nota traída por el arco del viento,
tu compadre lejano llegado de visita,
por la lluvia serena recortada de acero,
por la flor y la rama, por el árbol entero,
por todas las semillas crecidas en el campo,
cuidadas por tus manos que nacieron primero.
Yo te recuerdo, sin recordarme a mí mismo,
Sin tener pensamiento, sin saber todavía
Si nacería hombre o piedra,
Cielo plomizo y hondo,
O pedazo de estrella.
Y ahora que te has ido quiero sentir tus venas,
Amontonar los días que separan tu ausencia,
Derribar la distancia
Y ofrecer el corazón a todo ataque del tiempo,
Mas allá de esta vida, perentoria y ajena.
En esta dimensión encontramos al niño de Contumazá, al joven que descubrió en las quebradas, los valles y los cielos azules el germen de su sensibilidad. Para Marco Antonio la naturaleza no es un paisaje distante: es madre, casa, refugio y maestra.
A diferencia de otros poetas que describen la naturaleza desde una perspectiva externa, Marco Antonio establece con ella una unión orgánica. La naturaleza no es un fondo, es un protagonista, una presencia viva que dialoga con la voz poética. El río es tiempo; el valle, refugio; la tierra, matriz. Allí se encuentran las raíces más puras de su lírica, un canto que remite a lo esencial, a aquello que nos recuerda que somos parte de un orden más amplio y más misterioso que nosotros mismos, donde la geografía es también identidad. Y desde esa raíz, su voz logra universalizar lo local, expandir lo íntimo hasta convertirlo en una resonancia compartida.
A partir de ti, marco Antonio, Contumazá es más que un lugar: es una identidad espiritual, y a través de ella nos recuerdas que quien conoce la tierra conoce también el alma humana; que los pueblos tienen sus propios latidos y que la poesía es un modo de honrar la memoria de nuestros orígenes. En esa fusión con la tierra, hallamos la raíz de tu poética: un canto que reconoce que los pueblos están hechos no solo de historia y de geografía; sino que los pueblos como Contumazá hermoso, tienen su propia alma, y tú, Marco Antonio, tu alma se enamoró del alma de Contumazá, se fusionaron y brotó el milagro de tu poesía, Contumazá como partida, Contumazá como destino, enseñándonos a todas las generaciones para siempre, que el espíritu humano es inseparable del suelo que lo vio nacer y crecer.
La segunda dimensión es:
II. LA POESÍA SOCIAL Y POLÍTICA: LA ÉTICA COMO COMPROMISO, LA PALABRA COMO DEBER Y CONCIENCIA.
Para comprender esta dimensión, empecemos recordando el verso de su bello poema estampado en el busto que el Ministerio de Cultura le hizo en su sede de Trujillo:
/Aquí precisa una bandera / que descubra su pecho de paloma / y abanique sus sangrantes alas / Aquí trujillanos de América/.
O este otro a Víctor Raúl Haya de la Torre:
¡Que mayor gloria puede ser posible
recuerdo más querido; yo no alcanzo
a imaginar, si imaginar se puede,
la magnitud de tu alma, compañero!
Tu corazón, maestro, se alargaba
en una latitud desconocida,
pues cuánto más al pueblo lo entregabas
—como el cuerpo que Cristo da en la misa—
más distancia cobraba, todavía.
Marco Antonio asume la palabra como un deber ético. Su poesía social y política no busca estridencias ni consignas pasajeras. Es una poesía de reflexión, de mirada crítica, de solidaridad profunda con los desposeídos y los olvidados. Comprometido con su tiempo, el poeta entiende que la palabra debe tener dignidad y que el verso debe convertirse en un instrumento de conciencia, colocando siempre una llama de esperanza, porque Marco Antonio no concibe la palabra como derrota, sino como posibilidad de transformación, asume la palabra como compromiso ético.
Su poesía social no es el estruendo de la consigna, sino la firmeza de la conciencia. Desde la serenidad del pensamiento crítico, el poeta interroga la realidad, levanta una voz que no busca protagonismo, sino equilibrio y verdad. Su poesía social y política encarna una responsabilidad: la de recordar que la cultura no puede renunciar a la dignidad, ni la literatura desentenderse de la condición humana. La obra de Marco Antonio adquiere un valor no solo artístico, sino cívico, porque el poeta es también un guardián de la memoria colectiva, un vigía que vela por los que no tienen voz y un defensor de la justicia desde la altura serena de la palabra. La poesía social de Marco Antonio incorpora una profunda esperanza humana, un llamado a la solidaridad, una invitación a no divorciar la estética de la ética. Nos recuerda que la cultura tiene un deber: el de no volverse indiferente ante el sufrimiento. Y en un país marcado por desigualdades persistentes, su voz se convierte en un faro que orienta, que advierte y que inspira, concibiendo a la literatura como un ejercicio de ciudadanía.
Desde esta dimensión, Marco Antonio nos enseña que la cultura no es ornamento: es un acto de responsabilidad social, un territorio desde el cual podemos —y debemos— construir justicia, dignidad y futuro.
Finalmente la dimensión amorosa:
III. LA POESÍA DEL AMOR. EL POETA Y SU AMADA
Empecemos esta dimensión, palpando estos versos de Marco Antonio:
Como brota el poema
Que antes soñara,
Mujer de ojos de aurora
Mujer amada;
La herida del pasado
Se ha vuelto llaga.
El pájaro celeste de alas doradas
Que se posó en mi mente
Tendió sus alas
En pos de la serpiente de tus entrañas.
Sabes lo que quiero,
Mujer amada,
Que me des el desnudo
De tus miradas,
Para que las campanas
Toquen el alba,
Y el tic tac de las horas
No digan nada.
Mujer de ojos de aurora,
Mujer amada.
La poesía amorosa es la dimensión más íntima y delicada. En ella, Marco Antonio le habla a su compañera de vida, a Celia, que, más que musa, se convierte en presencia permanente, en destino afectivo, en reconocimiento —en su forma más profunda— es un acto de gratitud, por la vida entera a su lado, por su familia.
Su poesía de amor es sobria pero intensa. No se sostiene en artificios retóricos; se sostiene en la sinceridad, en la cercanía, en él.
A través de sus versos, el poeta se desnuda emocionalmente, muestra su vulnerabilidad, celebra la entrega y la compañía, y reconoce que el amor humano es también una forma de trascendencia.
El poeta reconoce en su amada un refugio, una presencia luminosa, un horizonte afectivo que sostiene y ennoblece su existencia. Sus versos amorosos tienen la serenidad de quien ha comprendido que el amor, cuando es auténtico, no es solo un sentimiento: es una forma de permanencia, un modo de conversar con la eternidad.
Su amor no se expresa en arrebatos fugaces ni en sentimentalismos, sino en una plenitud serena, en un agradecimiento profundo por la compañía, la lealtad y la complicidad que ofrece el ser amado. En sus poemas, el amor se vuelve un espacio de encuentro entre la fragilidad humana y la eternidad simbólica.
Es en esta dimensión donde el poeta alcanza una de sus cumbres expresivas. La amada se convierte en metáfora de la armonía, en la presencia que equilibra, que sostiene y que da sentido. El amor no es solo tema: es una forma de trascender la condición mortal.
En esta dimensión, la obra de Marco Antonio se vuelve confesional, profundamente humana, y al mismo tiempo universal, pero, sobre todo, educativa, porque todos, en algún momento, buscamos, en otro ser, la certeza de que no estamos solos.
A MODO DE CONCLUSIÓN, PODEMOS DECIR QUE:
En estas tres dimensiones —la tierra y la naturaleza, la justicia social y el amor— se revela la totalidad de Marco Antonio. Un poeta que escribió desde la autenticidad, desde la raíz y desde la conciencia. Un creador que nos regaló una voz capaz de unir lo universal y lo local; lo íntimo y lo colectivo; lo eterno y lo cotidiano. Su obra constituye un legado que trasciende las fronteras de su tiempo y de su lugar. Su poesía es una invitación a mirar el mundo con profundidad, con humanidad y con gratitud. Gracias por recordarnos que la poesía puede ser raíz, puede ser justicia y puede ser amor. Y que, en tiempos de incertidumbre, la palabra verdadera sigue siendo uno de los últimos refugios de la dignidad humana. En un escenario global donde con frecuencia prevalece la inmediatez, la superficialidad y la fragmentación, la voz de Marco Antonio nos recuerda la importancia de la contemplación, de la reflexión y de la belleza verdadera.
Hoy, al recordarle, reafirmamos que la poesía no es solo un ornamento del espíritu: es un modo de comprender el mundo y de darle sentido. Marco Antonio nos enseñó que la palabra puede sembrar, puede denunciar y puede amar. Y esa triple misión convierte su legado en un patrimonio vivo, entre la memoria y la esperanza, que sigue acompañándonos y que seguirá iluminando a las nuevas generaciones.
¡Que tu obra siga iluminando a quienes buscamos en la poesía un territorio de verdad!
¡Que tu voz continúe acompañándonos como un eco que no se extingue!
¡Hoy, al rendirte homenaje, lo hacemos no solo desde la admiración, sino desde la gratitud! Reconocemos no solo al poeta, sino al hombre que supo escuchar la música callada de la tierra, que defendió la dignidad del ser humano y que vivió el amor como una forma de plenitud.
Y mientras haya lectores que busquen en la poesía un refugio, un espejo o un horizonte, la voz de Marco Antonio seguirá iluminando, seguirá conmoviendo y seguirá recordándonos que, aun en la complejidad del mundo actual, la palabra puede —siempre— elevarnos.
Me pidieron que escriba sobre ti Marco Antonio, pero ¿qué puedo escribirte si el poeta eres tú? Si Contumazá, Trujillo y el Perú eres tú. Si la tierra, el agua y el viento eres tú. Si el mismo amor eres tú.
Tal como tú escribiste:
“¿Qué somos? ¿De dónde venimos? ¿Qué traemos entre las manos? Nada, absolutamente nada, venimos de una estrella solitaria y lejana, y solo traemos nuestro propio corazón.”
Marco Antonio, hoy, los trujillanos de América, llevamos grabada tu bandera en nuestro pecho de paloma, y desplegamos nuestras sangrantes alas en estas casonas, plazas y calles, que aún huelen a tu poesía, y seguimos tu sendero, ese, junto al trino, donde camina desnudo, eternamente, tu corazón.
¡VIVA MARCO ANTONIO!
Muchas gracias.