Discurso de despedida de Arturo Corcuera a su hermano Marco Antonio, con motivo de su fallecimiento

          Tu terco amor a la vida, Marco Antonio, es el que nos ha traído hasta tu morada final a despedirte. Estamos todos: Celia, tu abnegada esposa, tus hijos, tus hermanos, tu multitud de amigos. Fuiste, como diría don Antonio Machado, un hombre ―en el buen sentido de la palabra― bueno. Un hombre sencillo y transparente, un poeta fidedigno, intachable y limpio. Nadie más alejado que tú del ruido, tú que talabas en silencio, sin aspavientos, sin esperar nunca nada. Deberíamos guardar las lágrimas para despedirte con aplausos y hurras por tu vida espléndidamente cumplida, por tu palabra extendida a los demás, como tu mano amable y fraterna. Nos dejas la lección de luchar contra la muerte venciéndola en muchas batallas, incesantes y duras. Eres el último de los románticos en abandonar el planeta. Te antecedieron tus compañeros de generación, aquellos soñadores que contigo fundaron Cuadernos. Antes que los satélites emprendieran rumbo al espacio, ya la poesía daba vueltas a la Tierra en los Cuadernos trimestrales que agitaban las alas como pequeños albatros. En Trujillo nació la poesía muchos años antes que la marinera. La poesía tiene la edad de Dios. En lo que lleva de existencia ha salvado muchas vidas. Ernesto Sábato dice que si no existiera la poesía habría más suicidios y más asesinatos.

            Te mereces, Marco Antonio, todas las flores, las gaviotas te recordarán y el mar levantará sus más altas olas en tu memoria.

            Tú sabes muy bien que somos parte del cosmos. Estamos hechos de la misma materia que los astros, y un día nos volveremos a encontrar en las estrellas. Hasta entonces, un abrazo, querido hermano mío.

 

Arturo Corcuera

Trujillo, 11 de setiembre de 2009

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