Regina Garrido: La lectura es fundamental, pero se debe de intentar aprehender una voz propia.

 

Entrevista a Regina Garrido,
Mención Honrosa de El Poeta Joven del Perú

 

¿Qué evento en tu vida fue el que hizo que te interesaras por la poesía?

La poesía ha sido parte de mi vida desde hace algunos años, pero no podría considerar algún evento específico como su punto de origen. Pienso que las palabras son, al menos particularmente para mí, un espacio que confronta circunstancias disímiles. Si bien, en ciertas ocasiones, fluyen estas como un caudal impetuoso, la mayoría del tiempo el lenguaje resulta esquivo, ofreciendo tan solo el silencio. Mi poesía se orienta, precisamente, a un testimonio de esa ausencia, de esas huellas que una figura como la muerte, por ejemplo, despliega. Concibo la escritura, por tanto, como un tipo de respiración, una respiración artificial que renuncia, en especial, a todo tipo de artificio, de ornamento innecesario que no contribuya al énfasis de ciertas condiciones universales.

¿Hay alguna persona en tu vida, que haya sido un constante apoyo para ti como poeta?

Comprendo la escritura como un tipo de distancia respecto a una dimensión determinada, por ello, la he considerado, y la estimo aún, a mis veintidós años, como una labor que se forja desde la soledad, desde un espacio que no procura resolver o relatar acontecimientos de carácter exclusivo. Mis lecturas han sido, en gran parte, una compañía; aquellas voces han logrado que observe el mundo desde rumbos desiguales, aproximándome, asimismo, a un entorno que crece junto a un rumor oculto. Es la segunda vez que expongo parte de mi trabajo poético, y esta condición involucra, como en otras oportunidades, un acto que se funda, principalmente, como un diálogo estructurado desde la soledad. Creo que es desde este lugar que se despliega toda creación, trazando un horizonte que reafirma algunas de las cualidades del arte, heterogéneo ante los deseos de aprehender su polifonía y semblante siempre en metamorfosis.

¿Cómo te enteraste de la convocatoria de la X edición de “El Poeta Joven del Perú” y cómo te decidiste a participar?

Este concurso, organizado esta vez por la Fundación Marco Antonio Corcuera, dispone una tradición irrefutable, por sus caminos han trascurrido poetas claves de nuestra tradición literaria, muchos de los que, directa o implícitamente, han significado en mi formación un centro importante, como lo es el caso del poeta José Watanabe. Cuando conocí el relanzamiento de esta convocatoria, por medio de la lectura de un afiche instalado en una biblioteca, donde realizaba algunos trabajos académicos, me reveló una manera de establecer una comunicación, significativa, con esa herencia poética que, además de contribuir al reconocimiento de una historia cultural, también me acompañó en una extensión más subjetiva.

 ¿Cuál fue tu mayor inspiración para componer La casa vacía?

Una preocupación por los rasgos y el semblante de la muerte definen, ante todo, este poemario. Es el vacío y un progresivo desmoronamiento de la existencia las imágenes que, con mayor obstinación, surgen en los poemas de este libro. Pero, en ellos, la soledad se destaca como una condición inevitable, un rasgo que no puede ser superado por disímiles vías. El signo de la casa destaca, por tanto, un espacio en el que todas estas circunstancias se reúnen y, al mismo tiempo, establecen una intensificación singular. En aquel ámbito emergen diversos recuerdos, una memoria que asume antiguas experiencias. Uno de los epígrafes de La casa vacía, retomado de un texto de Vallejo, describe, en especial, la disparidad de esta circunstancia. Mientras algunas figuras se desvanecen con la aparición de la muerte, otras se destacan en su lugar, anunciando manifestaciones análogas a sombras, a fantasmas. En la construcción de este poemario, su origen no ha tenido fuentes exactas, por el contrario, he dado sentido a imágenes y sonidos espontáneos o eventuales.

Cuéntanos de dónde eres. ¿Influyó tu ciudad en la formulación de tu poemario?

Soy de Lima, sin embargo, si bien el contexto es fundamental, La casa vacía no se ubica en una dimensión particular. Aquel aborda el desmoronamiento del sujeto, de cómo la muerte se encarna a través de dos perspectivas, cada una de ellas trazando sus resonancias propias. Es una sensibilidad que intenta aprehender un concepto abstracto, el cual, evidentemente, huye entre las manos, entre las posibilidades de una conciencia que advierte el lento ocaso de los objetos y seres. Este poemario es, por ello, una alegoría, una sucesión de imágenes que evocan, de modo diverso, experiencias como la soledad y el vacío. Es memoria y homenaje.

¿Cuál es tu poema preferido en este poemario y por qué?

Creo visualizar el poemario como una sucesión de pasajes, anclados en diversas experiencias que intentan, de una manera u otra, recorrer un espacio vital. Son imágenes que retornan y, a la vez, avizoran la insistencia de algunos elementos que trascienden, y problematizan, unas manifestaciones conformadas sobre la superficie de la percepción. El poema Casa de parto que inaugura este libro evoca, así, el testimonio de una experiencia que reconoce, desde el nacimiento, el presagio de un signo donde la muerte delata su inevitable dominio, esbozando un “hogar de silencio” que emplaza una exigencia existencial.

¿Qué le aconsejarías a los jóvenes que quisieran participar en la próxima edición de “El Poeta Joven del Perú”?

En palabras de Faulkner, es importante “leer, leer, leer todo, clásicos, desconocidos, buenos, malos, ver cómo escriben, leer y absorberlo. Luego escriba. Si es bueno lo conserva, si no, lo tira por la ventana”. La lectura es fundamental, pero, consecuentemente a esta, se debe de intentar aprehender una voz propia, íntima, que logre desplegar una poesía  que conjugue la tradición con lo propio. El poeta inicia observando hacia atrás, y, con los años, con el aprendizaje, con el intento persistente de entender el lenguaje, es necesario procurar erigir una palabra que sea capaz de representar un arte específico, personal.

Por último, nos gustaría saber cuáles son tus recomendaciones literarias. ¿Qué tres poemarios piensas tú que son infaltables en la biblioteca de un escritor?

Todo testimonio de una experiencia arraigada en la lectura involucra, inevitablemente, un amplio horizonte de aproximaciones que transitan bajo un semblante múltiple y, a la vez, continuo, anunciando secretas afinidades que declaran la proximidad de ciertos autores. En el ámbito nacional, y también hispanoamericano, la herencia de Vallejo a la formación literaria distingue una de las fuentes más importantes. Sin embargo, uno de sus libros que más aprecio, es el conjunto de textos publicados póstumamente bajo el título de Poemas en prosa, en ellos descubro la intensidad de una experiencia humana que traza un diálogo con una sensibilidad universal e íntima. Igualmente, Concierto animal de Blanca Varela constituye ese afán de una palabra que trasciende, resistiendo la materialidad en una ceremonia alentada por el lenguaje. Por último, la poesía de Rimbaud me manifestó la confrontación contra una hegemonía de la realidad, hallando en Las Iluminaciones o Una temporada en el infierno, la tentativa de una práctica que no se conforma con su entorno.

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