Entrevista al nuevo Poeta Joven del Perú: Roy Vega Jácome

 

 

¿Qué evento en tu vida fue el que hizo que te interesaras por la poesía?

Yo comencé a escribir poesía a los diecisiete años, edad que coincidió con mi etapa universitaria, en la Facultad de Letras de San Marcos. Digamos que los sentimientos amorosos y mi incapacidad para desenvolverme con los demás fueron los desencadenantes de mi inclinación por la literatura y, en concreto, por la poesía (aunque has de saber que lo primero que escribí en mi vida fue un cuento, más o menos a los quince años). Mis primeros poemas estaban dedicados a determinadas personas y situaciones familiares que me marcaron. La poesía fue como una escalera de emergencia que utilicé para escapar de la realidad cotidiana que me abrumaba.

¿Cuál es el espacio que tiene la poesía en tu vida? ¿Es una necesidad diaria o un refugio que frecuentas cada cierto tiempo?

Al periodo inicial que te comenté, lleno de temor y experimentación temprana, le siguió uno marcado por la cimentación de mi vocación poética. Fue gracias sobre todo a las enseñanzas de mis maestros Hildebrando Pérez y Camilo Fernández, quienes en sus magistrales clases de literatura me permitieron conocer que la poesía no era inspiración pura, confesión de las emociones, sino también trabajo y técnica. Esto me ocurrió más o menos a los veinte años. A partir de allí, la poesía ha ocupado un espacio fundamental en mi vida; es un modo de existir, como quería Roberto Bolaño. La poesía es un espacio mágico, casi una vida alterna, que visito con frecuencia para explorar aquello que me rodea, así como mi propio mundo interno.

¿Cómo te enteraste de la convocatoria de la X edición de “El Poeta Joven del Perú” y cómo te decidiste a participar?

“El Poeta Joven del Perú” es quizás el premio de poesía más querido. En lo personal, siempre le tuve un gran aprecio porque mi hermano Selenco lo ganó en el año 1999 (curiosamente, durante su última convocatoria), con su poemario Sagrada familia (luego publicado como Reinos que declinan). Cuando me enteré de que la Fundación Marco Antonio Corcuera iba a relanzarlo (a través de un afiche en su página de Facebook), decidí participar porque, coincidentemente, me encontraba trabajando un libro y pensé que una manera de darle roce era enviándolo a un concurso de tanto prestigio.

El premio también ha sido obtenido por poetas honorables como Winston Orrillo, Javier Heraud, César Calvo, etc. ¿Qué significa para ti seguir los pasos de estas grandes figuras literarias?

Nunca imaginé que podría estar en el mismo podio que las luminarias de la poesía peruana que mencionas. Nuestra tradición lírica es una de las más ricas de Latinoamérica, y sin lugar a dudas “El Poeta Joven del Perú” coadyuvó a difundir nombres que más adelante se convirtieron en referentes para los jóvenes poetas. Te confieso que es una alegría inmensa sobre todo porque soy un ferviente lector de Javier Heraud, César Calvo, Luis Hernández y José Watanabe. Ellos nunca perdieron su juventud, sus palabras siempre fueron un pesebre
al que acudí en mis momentos de melancolía o desvarío, y fueron como la respuesta de un amigo, un hermano que te dice:
“Tranquilo, yo pasé por lo mismo”.

¿Cuál fue tu mayor inspiración para componer Etapas del espíritu / Runas grabadas en la piel?

Este libro fue concebido precisamente como el cierre de una etapa de mi vida. Desde mi anterior publicación, proyecté la idea de gestar una trilogía, que concluiría con este poemario; una trilogía signada por una constante búsqueda tanto a nivel lingüístico como emocional, que –pienso– se evidencia desde mi primer libro, Rumores de un arpa retorciéndose en la hoguera, claramente influido por los poetas surrealistas César Moro y Emilio Adolfo Westphalen, así como por los de la generación del 50, como Eielson, Belli y Varela, y anclado en una retórica más cerrada y una vena narrativa presente en toda mi obra; y continúa con un empleo de diversos registros lingüísticos en Muestra de arte disecado, una especie de tránsito personal entre la tradición literaria (mis lecturas de la generación del 60 y el grupo Hora Zero), y el riesgo de asumir un discurso propio; para luego concluir con Etapas del espíritu / Runas grabadas en la piel, donde ya el trabajo con la forma, la presencia del juego con el lenguaje que pincela las emociones, el diálogo más libre y frontal con la tradición lírica, y donde también hago un balance más profundo de mis experiencias personales y mi propia labor creativa, son los aspectos más importantes de esta poética desarrollada a lo largo de tres libros.

¿Cuál es tu poema preferido en este poemario y por qué?

Esta es quizás la pregunta más difícil y no te podría dar una respuesta clara. Le tengo mucho cariño al primer poema, porque es una suerte de homenaje a la complicidad literaria y a la familia. También las antielegías son un sentido tributo a los íconos culturales que me marcaron desde temprana edad. Y la última parte es la más personal de todas, donde tuve que interiorizar mucho en mis vivencias más recónditas. Al final, solo espero que cada lector encuentre algún poema que le diga algo.

¿Qué le aconsejarías a los jóvenes que, como tú, quisieran convertirse en el próximo “Poeta Joven del Perú”?

Que trabajen a conciencia; que no se dejen vencer; que sepan que el trabajo literario es un 20% de inspiración y un 80% de labor ardua; que no se fijen en lo que hacen los demás con un ojo venenoso o antipático; que más bien lean a sus contemporáneos para sentirse parte de algo o buscar su propio camino; que rehúyan de la fama pasajera y el figuretismo, y se encierren en su laboratorio poético a crear cosas que valgan la pena; que no pierdan la fe, porque los triunfos terminan llegando; que amen, sufran, se recuperen y sigan escribiendo, y adopten la máxima de Horacio Quiroga: “No escribas bajo el imperio de la emoción; déjala morir y evócala luego”; y el consejo más valioso: que lean todo lo que puedan, porque no se puede ser poeta sin saber leer poesía o sin conocer de qué tradición venimos y qué es lo que queremos innovar.

Por último, nos gustaría escuchar tus recomendaciones literarias. ¿Qué tres libros piensas tú que son infaltables en la biblioteca de un escritor?

Otra pregunta sumamente difícil, porque las lecturas de cada persona van variando a lo largo de su vida (así como los gustos de cada quién). Hay épocas en las que uno lee algo que años más tarde no llega a tener el mismo impacto en su vida. Aun así, me animaré a dar tres títulos: Memorias del subsuelo, de Fiódor Dostoievski; En los extramuros del mundo, de Enrique Verástegui; y Los adioses, de Juan Carlos Onetti.

 

Fotografías: Renzo Chávez Lescano.

 

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